Desde nuestro punto de vista, en el año 2040 contaremos con consumidores empoderados, interoperabilidad de datos, y avances científicos y tecnológicos que transformarán los sistemas de salud en el mundo. La salud virtual es uno de los componentes principales del futuro de la salud.

Entendiendo la salud virtual como la interacción no presencial que mantiene un profesional de la salud con una contraparte –generalmente su paciente- para llevar adelante una prestación preventiva o reactiva sobre su salud, dicha interacción puede adoptar distintas formas y aplicaciones en su uso, enriqueciendo la cadena de valor de la atención médica, vista tanto desde el punto de vista del paciente, como del profesional de la salud, a saber:

  • Video consultas de atención remota, en complemento o suplemento de las visitas presenciales.
  • Monitoreo a distancia de pacientes con chequeos permanentes y/o que viven lejos de los consultorios médicos.
  • Recolección y revisión de los datos de los dispositivos portátiles o “wearables” de los pacientes para toma de signos vitales.
  • Prescripción de medicamentos o prácticas médicas.
  • Comunicación con los pacientes a través de su historia clínica electrónica, que incluye la publicación de resultados de pruebas o notas desde el acceso a portales de pacientes, o la respuesta a preguntas rápidas por correo electrónico.
  • Consultas virtuales de médico a médico, para un mejor diagnóstico y tratamiento.

Principales desafíos actuales de la salud virtual

Como en todo nuevo tema, existen desafíos sobre los cuales se debe trabajar para derribar algunas barreras que limitan su extensión. A continuación, identificamos algunos de esos desafíos:

  • Estrategia de salud virtual: Los profesionales de la salud y las organizaciones de salud han tenido poca o nula planificación estratégica sobre salud virtual.
  • Modelo de ingresos: Los prestadores de salud no cuentan con un modelo de ingresos claro, que los guíe cómo incrementar sus ingresos y hacer sustentable esta práctica.
  • Infraestructura herramental: Uno de los principales desafíos es la infraestructura tecnológica, ya que constituye el primer habilitador y al mismo tiempo la primera barrera.
  • Soporte y servicio al usuario: La incipiente utilización de herramientas no cuenta con el soporte adecuado para asegurar continuidad de las operaciones.
  • Entrenamiento de los profesionales de la salud sobre las herramientas y mejora de habilidades “soft”: Los profesionales de la salud no necesariamente cuentan con entrenamiento en tecnologías como en habilidades “soft” para asemejar una visita presencial a una virtual.
  • Comprensión de las leyes y regulaciones sobre la salud virtual: Los profesionales de la salud no necesariamente se sienten seguros en la utilización de esta modalidad ya que deben cumplir algunas regulaciones en geografías físicas cuyos límites no quedan del todo claro.
  • Interoperabilidad, integridad de datos y automatización de procesos: Los profesionales de la salud pueden encontrar dificultades en la integridad de datos proveniente de distintas fuentes –algunas no sistematizadas-, para componer una historia clínica completa del paciente y ejecutar las operaciones y flujos de trabajo necesarios.

Asimismo, pueden encontrar dificultades en el intercambio de información al no contar con un estándar de comunicación común.

  • Riesgo en el trabajo de los profesionales de la salud: En situaciones críticas de exposición física como en una pandemia o más cotidianas como las distancias del hogar al trabajo o los requerimientos físicos en el mismo, la presencialidad aumenta el riesgo de trabajo laboral y al mismo tiempo, limita la disponibilidad de ciertos trabajadores con algunas dificultades.

Bibliografía: Estudio sobre Salud Virtual, adelantado por Deloitte, Octubre 2021