En España, los estudios recientes de Nielsen muestran que el volumen de promociones es de un 20% y en Europa, el 28% de las compras de productos de gran consumo fue de productos en promoción. En España,  los fabricantes se han vuelto dependientes de las promociones debido a la todavía difícil situación económica, los altos niveles de desempleo y la popularidad de las marcas propias del distribuidor. En Europa, los fabricantes están comenzando a cuestionarse el beneficio de campañas masivas de promoción de precios, en un momento en el que los presupuestos de marketing están bajo presión, añadido al potencial riesgo a largo plazo de dañar el patrimonio de las marcas como consecuencia de las frecuentes actividades promocionales. 

En Colombia, la publicidad impresa de las promociones sigue siendo popular entre la mayoría de los minoristas. Dicha publicidad puede ser mediante cuadernillos que se exhiben a la entrada de los supermercados o mediante el expediente de los avisos en prensa, particularmente los fines de semana. 

Nielsen Colombia señala que muchas veces los esfuerzos promocionales no arrojan los resultados esperados. El año pasado en nuestro país hubo un registro del 22% de productos con descuento temporal y de ellos, el 70% no registró crecimiento en ventas. Como quien dice, las reducciones de precios no estimularon mayores volúmenes de ventas. Muchos productos no necesitan promocionarse para que sean adquiridos por los consumidores. La sal, por ejemplo. En concepto de Nielsen, las empresas colombianas dejan plata sobre la mesa en descuentos innecesarios. Es más, según la reconocida consultora, en Colombia en 2018 el 80% de las ventas en productos premium se hubieran vendido también sin descuento. En estos casos, se está subsidiando innecesariamente al consumidor. Los supermercados deben ofrecer en mayor medida nuevas experiencias como el multicanal, comida preparada, productos frescos, una sugestiva oferta de productos importados, domicilios, agilidad en las cajas, en fin.