En las últimas décadas, el crecimiento de la región ha sido inferior al registrado tanto en las economías emergentes como en las desarrolladas.

Estos resultados exiguos en términos de crecimiento han estado estrechamente ligados a la naturaleza del crecimiento. Mientras que en las economías emergentes y muy dinámicas el crecimiento ha estado relacionado principalmente con el aumento de la productividad asociado al comportamiento de los sectores que demandan tecnología y conocimiento, en América Latina y el Caribe la mayor parte del crecimiento ha obedecido al aumento de la fuerza de trabajo. Por ejemplo, mientras que en países como China o los Estados Unidos la productividad ha contribuido al 96% y al 64% del crecimiento, respectivamente, entre 2000 y 2019 en América Latina esta cifra apenas llegó al 24% (The Conference Board, 2020).

Desde el año 2000, la productividad total de los factores en la región ha experimentado una tendencia a la baja y su desempeño ha sido uno de los peores del mundo, muy por debajo del dinamismo de otras regiones emergentes. En este sentido, la región aún no ha sido capaz de aprovechar el tirón de las dos grandes olas de transformación de la productividad: la revolución de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), iniciada en los años noventa, y la más reciente e incipiente "era 4.0". Más allá de los últimos 20 años, en la bibliografía sobre la materia se señala una fuerte discrepancia entre la productividad de la región y la de las economías más desarrolladas y emergentes en los últimos 60 años, que se ha acentuado especialmente desde los años ochenta (The Conference Board, 2020).

El sector manufacturero ocupa un papel central en esta dinámica. A pesar de los indicios de desindustrialización prematura, la industria manufacturera ha seguido siendo uno de los principales empleadores de la región, y concentra el 12,8% del empleo en América Latina y el Caribe y el 12,6% del ECLAC Hecho en América Latina: fabricación inteligente y una nueva esperanza... 14 producto interno bruto (PIB) (OIT, 2020). En un país como México, estas cifras ascienden al 16,6% y 17,3%, respectivamente, mientras que en la Argentina el sector representa el 18,7% del PIB(INDEC, 2019) y el 18,8% del empleo total (UIA, 2021a).

La industria manufacturera también desempeña un papel crucial en los flujos comerciales, pues concentra el 45,2% de las exportaciones totales de la región. Por ejemplo, a nivel de los países, esta industria abarca el 80,0% de las exportaciones totales en México, el 31,5% en el Brasil y el 20,8% en la Argentina (INDEC, 2021). Los productos con mayor volumen de exportación son principalmente computadoras, televisores y monitores, camiones y coches pequeños y medianos.

Sin embargo, a pesar de su relevancia económica, la región no ha sido capaz de consolidar un proceso sostenido de industrialización y transformación productiva, sino más bien lo contrario. En los últimos años, el sector ha demostrado un escaso dinamismo y se han observado indicios de desindustrialización. En los últimos cinco años, el empleo en la industria manufacturera de la región ha disminuido a un ritmo del 0,1% anual (OIT, 2020) y, entre 2000 y 2019, su participación en el PIB de la región se redujo del 15,8% al 12,6% (CEPAL, 2021a). En la Argentina, en la actualidad la actividad del sector es un 5% inferior a los niveles observados en enero de 2016 (INDEC, 2021).

Los niveles de productividad de la región siguen siendo considerablemente inferiores a la media de la economía agregada. A nivel regional, la diferencia entre la productividad laboral en la industria manufacturera y la media de la economía alcanza el 69,3%2 y llega al 97,1% en un país como el Brasil. Incluso en México, que cuenta con la industria manufacturera más robusta a nivel regional, se observa una importante brecha de productividad (47,4%).

No es solo que la productividad laboral en la industria manufacturera siga siendo baja. Con la notable excepción de México, la productividad laboral en este sector ha venido disminuyendo. A nivel regional, se redujo un 15,4% con respecto a los niveles de 2010. En consecuencia, se está agudizando la diferencia entre la productividad de la industria manufacturera y la productividad agregada. Esto también contrasta llamativamente con la dinámica global, ya que la productividad de la industria manufacturera a nivel mundial aumentó a un ritmo del 2,3% anual entre 1992 y 2018. En un país como China, esta cifra alcanza el 9,5% anual.

En este contexto, para reactivar el crecimiento de la productividad y fomentar la creación de empleos de alta calidad, se torna prioritario incorporar las tecnologías 4.0. Los datos apuntan a que la mayoría de las economías innovadoras e industrializadas registran un crecimiento notablemente superior de la productividad del sector manufacturero (ONUDI, 2019a). Mientras que la productividad laboral de la industria manufacturera a nivel mundial creció un 2,3% anual entre 1992 y 2018, las economías muy industrializadas registraron tasas anuales de crecimiento de la productividad de casi el 3,0%. China, país puntero en tecnologías avanzadas, experimentó un dinamismo aún mayor en el sector manufacturero, con un crecimiento de la productividad laboral del 9,5% anual durante ese mismo período. En cambio, las economías industriales en desarrollo y emergentes (esto es, la mayoría de los países de la región) registraron tasas de crecimiento de la productividad de en torno al 2,0%.

En el ámbito empresarial, la transformación digital puede influir en la productividad y el crecimiento especialmente a través de cuatro mecanismos principales:

(i) Optimización de las operaciones: la digitalización de los procesos permite optimizar las operaciones empresariales, tanto reduciendo los costos como mejorando la eficacia. Ejemplo: uso de la impresión 3D para producir herramientas personalizadas a escala.

(ii) Mejora de los procesos de adopción de decisiones: el uso de datos a escala y algoritmos de análisis avanzados permite optimizar la toma de decisiones y mejorar la rentabilidad.Ejemplo: uso de la Internet de las cosas para el mantenimiento predictivo de las máquinas.

(iii) Aumento de la conectividad: los canales digitales y el uso de herramientas digitales para la comercialización y las adquisiciones permiten ampliar la cartera de clientes y mejorar su captación, así como facilitar el acceso a los proveedores y optimizar la cadena de suministro. Ejemplo: uso del mercado digital para conectar a las empresas manufacturerascon los proveedores.

(iv) Creación de nuevos modelos de negocio: la virtualización de los bienes y servicios y la digitalización de la entrega de los productos fomentan la creación de nuevos modelos de negocio que mitigan los riesgos y mejoran los beneficios. Ejemplo: producción de réplicas digitales para pruebas y simulaciones.

Fuente: Publicación de la CEPAL, eLAC-2022, Gobierno de la República de Corea  / Hecho en América Latina - Fabricación inteligente y una nueva esperanza de industrialización en la región. El estudio se realiza en el marco de las actividades del programa de cooperación de 2019 entre la República de Corea y la CEPAL.