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IMPETUOSO AVANCE DE LA VIRTUALIDAD

Como consecuencia del desarrollo de las nuevas tecnologías en la actualidad, cuyo propósito, en parte, es el mejoramiento de la calidad de vida del ser humano, ha tenido lugar la aparición y desarrollo de un nuevo perfil de consumidor, que ha permitido que la relación entre estos y las empresas cambie de forma sustancial. Tal es el caso del fortalecimiento e impetuoso crecimiento del e-commerce, método que consiste en la compra de bienes y servicios a través de internet, es decir, haciendo uso de este medio como canal de compra.

El comercio electrónico ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos 18 años en países desarrollados como Estados Unidos, en donde este sector pasó de tener una participación en el comercio interno de menos del 1% a inicios del año 2000 a tener una contribución de más del 9% al cierre del año 2017. Si bien el desarrollo tecnológico de la mayor potencia del mundo es muy superior al de los países latinoamericanos, estos últimos quieren unirse al boom del comercio online. Para el caso colombiano encontramos que, si bien el e-commerce solo representa el 3% de las ventas del comercio detallista del tipo moderno, presenta altas tasas de crecimiento en los últimos 5 años. En 2016 y 2017 las ventas online crecieron más de 50% anual. Este dinamismo se explica por la evolución en los medios de pago electrónicos y la bancarización, porque los consumidores poco a poco le pierden el miedo a hacer transacciones electrónicas, por las atractivas promociones que ofrecen los canales virtuales y, claro, por los cambios en los hábitos de los consumidores que cada día valoran más el tiempo libre y huyen de las aglomeraciones y de la congestión vehicular.

De seguir las tendencias, en FENALCO calculamos que hacia 2023 las ventas por comercio electrónico representarán el 50% del total de las ventas detallistas en los Estados Unidos,  lo cual, por obvias razones, es justificación más que suficiente para que el comercio offline se encuentre atemorizado respecto a qué le deparará el futuro. Lo peor que podría hacer el comercio “de toda la vida” es quedarse de brazos cruzados viendo cómo las nuevas tecnologías marchitan sus negocios. Es preciso que los comerciantes piensen en opciones que les permita continuar compitiendo y creciendo.