EL CONSUMIDOR COLOMBIANO ES UN MAR DE OPORTUNIDADES PARA CONQUISTAR

 
Los países en vías de desarrollo están creciendo algo más rápido  que  el  mundo  desarrollado.  En el caso colombiano, dicho   crecimiento   está impulsado por una clase media en aumento que mejora las perspectivas de los mercados emergentes. Entre tanto, los consumidores más pobres de los países latinoamericanos poseen una importante capacidad de gasto a pesar de sus bajos ingresos. Ellos han aprendido a sobrevivir a crisis económicas que son prácticamente permanentes.
 
En publicidad se registra un fenómeno interesante: mientras que en los países desarrollados la publicidad en televisión crece muy lentamente, en los países en vías de desarrollo los consumidores emergentes han generado un aumento de la inversión en el sector. 
 
Para que un país de un brinco hacia adelante se requiere de la construcción y de la presencia de una clase media robusta. En Colombia ya contamos con una masa de consumidores  educados,  con  aspiraciones de progreso, fuertemente vinculados a la modernidad, incluyendo el sistema financiero. Desde esta óptica, las perspectivas de consumo y de innovación son promisorias. El porcentaje de hogares pobres era del 52% a comienzos de siglo y hoy está en alrededor del 28% y la informalidad laboral ha bajado del 60 al 47%, al tiempo que la cobertura de la seguridad social en salud cobija al 95% de la población.
Uno de los retos más interesantes que la sociedad colombiana debe enfrentar, pero del que poco se ha escrito últimamente, es cómo fortalecer y agrandar el tamaño de la clase media. Cabe agregar que en ausencia de una clase media vigorosa (la burguesía, dirían los marxistas), será difícil esperar que las estructuras de comercialización se modernicen. 
 
Con todo, resulta satisfactorio encontrar miles de empresas que trabajan por conquistar al mayoritario segmento de los consumidores pobres. Son los mismos que en Colombia constituyen los estratos 1, 2 y 3.
 
Entre las lecciones y oportunidades de los sectores modernos para que satisfagan más y mejor a la base de la pirámide podríamos destacar las siguientes:
 
Precios
Ofrecer diseño, calidad y surtido a precios asequibles, rompiendo con el paradigma de que las tiendas bellas y bien decoradas deben ser caras.
 
Crédito
Brindar acceso a la compra de productos o servicios con fórmulas de crédito más flexibles.
 
Tecnología
La innovación debe ser dirigida a la aplicación de tecnologías de proceso más que de producto. Las demandas de este segmento se asocian más con el acceso que con los desarrollos tecnológicos.
 
Ubicación
La proximidad geográfica es determinante. A los compradores no les gusta viajar lejos, no disponen de carro particular y además cuentan con numerosos formatos en la cercanía, por lo cual sólo necesitan desplazarse unos pocos minutos para hacer su compra diaria.
 
La clave es acercar a estos consumidores los productos que necesitan.
 
El ingrediente mágico
 
En un mundo tan competitivo como este, la realidad nos obliga a buscar elementos diferenciadores, logrando que nuestro producto, bien o servicio tenga “un no sé que”, un ingrediente mágico que nadie sepa a ciencia cierta de qué se trata. Y lo bueno de estos ingredientes es que no hay que explicarlos, sencillamente porque son mágicos. Los almacenes por departamento en Colombia, que por cierto no son numerosos,  hacen marketing masivo pero atienden a un consumidor a la vez, compran por containers, pero venden por unidades y para ellos las empresas de retail deben ser un poco paranoicas para detectar siempre a tiempo los cambios que se avecinan.
 
Esto aplicado a cualquier formato, nos invita a trabajar bajo la consigna de especializar nuestros negocios, ofreciendo siempre productos novedosos y diferentes. 
 
Aunque todavía le dé vueltas a la idea novedosa de agregarle olor a su marca, se recuerda a los directores más arriesgados que aprovechan la oportunidad como los empresarios de Starbucks, que con el aroma de su café en medio de una librería se han expandido en todo Estados Unidos. El ser humano promedio es capaz de reconocer 10 mil olores diferentes y diferenciarlos con un 65% de exactitud después de un año, mientras que visualmente recuerdan imágenes el 50% de las veces después de sólo tres meses. Ahora la tarea está en considerar esta alternativa o pensar en algo que diferencie su marca o su negocio. Porque como lo expresó el filósofo español, sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender.
 
Los países en vías de desarrollo están creciendo algo más rápido  que  el  mundo  desarrollado.  En el caso colombiano, dicho   crecimiento   está impulsado por una clase media en aumento que mejora las perspectivas de los mercados emergentes. Entre tanto, los consumidores más pobres de los países latinoamericanos poseen una importante capacidad de gasto a pesar de sus bajos ingresos. Ellos han aprendido a sobrevivir a crisis económicas que son prácticamente permanentes.
 
En publicidad se registra un fenómeno interesante: mientras que en los países desarrollados la publicidad en televisión crece muy lentamente, en los países en vías de desarrollo los consumidores emergentes han generado un aumento de la inversión en el sector. 
 
Para que un país de un brinco hacia adelante se requiere de la construcción y de la presencia de una clase media robusta. En Colombia ya contamos con una masa de consumidores  educados,  con  aspiraciones de progreso, fuertemente vinculados a la modernidad, incluyendo el sistema financiero. Desde esta óptica, las perspectivas de consumo y de innovación son promisorias. El porcentaje de hogares pobres era del 52% a comienzos de siglo y hoy está en alrededor del 28% y la informalidad laboral ha bajado del 60 al 47%, al tiempo que la cobertura de la seguridad social en salud cobija al 95% de la población.
Uno de los retos más interesantes que la sociedad colombiana debe enfrentar, pero del que poco se ha escrito últimamente, es cómo fortalecer y agrandar el tamaño de la clase media. Cabe agregar que en ausencia de una clase media vigorosa (la burguesía, dirían los marxistas), será difícil esperar que las estructuras de comercialización se modernicen. 
 
Con todo, resulta satisfactorio encontrar miles de empresas que trabajan por conquistar al mayoritario segmento de los consumidores pobres. Son los mismos que en Colombia constituyen los estratos 1, 2 y 3.
 
Entre las lecciones y oportunidades de los sectores modernos para que satisfagan más y mejor a la base de la pirámide podríamos destacar las siguientes:
 
Precios
Ofrecer diseño, calidad y surtido a precios asequibles, rompiendo con el paradigma de que las tiendas bellas y bien decoradas deben ser caras.
 
Crédito
Brindar acceso a la compra de productos o servicios con fórmulas de crédito más flexibles.
 
Tecnología
La innovación debe ser dirigida a la aplicación de tecnologías de proceso más que de producto. Las demandas de este segmento se asocian más con el acceso que con los desarrollos tecnológicos.
 
Ubicación
La proximidad geográfica es determinante. A los compradores no les gusta viajar lejos, no disponen de carro particular y además cuentan con numerosos formatos en la cercanía, por lo cual sólo necesitan desplazarse unos pocos minutos para hacer su compra diaria.
 
La clave es acercar a estos consumidores los productos que necesitan.
 
El ingrediente mágico
 
En un mundo tan competitivo como este, la realidad nos obliga a buscar elementos diferenciadores, logrando que nuestro producto, bien o servicio tenga “un no sé que”, un ingrediente mágico que nadie sepa a ciencia cierta de qué se trata. Y lo bueno de estos ingredientes es que no hay que explicarlos, sencillamente porque son mágicos. Los almacenes por departamento en Colombia, que por cierto no son numerosos,  hacen marketing masivo pero atienden a un consumidor a la vez, compran por containers, pero venden por unidades y para ellos las empresas de retail deben ser un poco paranoicas para detectar siempre a tiempo los cambios que se avecinan.
 
Esto aplicado a cualquier formato, nos invita a trabajar bajo la consigna de especializar nuestros negocios, ofreciendo siempre productos novedosos y diferentes. 
 
Aunque todavía le dé vueltas a la idea novedosa de agregarle olor a su marca, se recuerda a los directores más arriesgados que aprovechan la oportunidad como los empresarios de Starbucks, que con el aroma de su café en medio de una librería se han expandido en todo Estados Unidos. El ser humano promedio es capaz de reconocer 10 mil olores diferentes y diferenciarlos con un 65% de exactitud después de un año, mientras que visualmente recuerdan imágenes el 50% de las veces después de sólo tres meses. Ahora la tarea está en considerar esta alternativa o pensar en algo que diferencie su marca o su negocio. Porque como lo expresó el filósofo español, sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender.

Biblioteca de Medios

Página de Interes