Reforma tributaria para la competitividad

La reforma tributaria no se ha presentado todavía y hasta la fecha los comentarios se basan en informaciones de los funcionarios encargados del tema. El Director de la DIAN, Juan Ricardo Ortega, en visita a FENALCO, hizo una presentación sobre los criterios generales de la reforma y que en el Gremio compartimos. En nuestro sentir, la mencionada iniciativa debe estar encaminada a impulsar la competitividad, haciendo más flexible y sencilla la administración tributaria, eliminando los costos de transacción, suprimiendo los costos y gastos no deducibles y otorgándole al contribuyente la razón, en sus reclamos cuando la tenga. Una encuesta internacional muy reciente, revela que la segunda preocupación de los empresarios colombianos es, precisamente, la complejidad en el pago de impuestos.
 
La verdad es que el régimen tributario de Colombia se caracteriza por su sesgo anti productivo, su complejidad y confusión. Existen altas tarifas nominales al capital y el trabajo, los bienes de capital son gravados con impuestos al consumo y la producción y una dispersión tarifaria del IVA que hacen bastante complejo este tributo. Colombia tiene un alto número de tarifas (ocho en total), cuestión que le imprime un alto grado de complejidad al sistema. Creemos que la reforma no debió presentarse el año pasado, ni en el primer semestre, pero si debe serlo en esta legislatura porque una reforma discutida en medio de la euforia de la bonanza puede llevar a repartir parte de la misma en reducciones de impuestos.
 
Esto nos lleva a tener que analizar las implicaciones de la crisis internacional y su impacto en Colombia. Tampoco podemos desdeñar que el actual gobierno se ha debilitado en las últimas semanas frente al poder legislativo y ello podría prestarse para que la reforma tributaria salga convertida de nuevo en una colcha de retazos. El doctor Ortega afirma que el gobierno no tiene prisa por presentar el  proyecto y que empleará el tiempo que sea necesario para desarrollar una labor pedagógica a lo largo y ancho del país, de tal manera que cuando la iniciativa se presente en el Congreso tenga aceptación y genere consenso en los Senadores y Representantes.
 
Toda reforma tributaria debe tener en la mira los estímulos a la inversión. Como algunos de estos fueron desmontados, es necesario buscar alternativas como el tratamiento del IVA y el manejo de la depreciación. El propósito es hacer rentable la inversión de largo plazo reconociendo que hay un período improductivo u otros muy acelerados.
 
Es frecuente escuchar quejas de distinto tipo de personas jurídicas sobre la ineficacia de la DIAN. Es deseable una mayor racionalización de los beneficios y costos del sistema tributario y de contribuciones para promover la formalización y la competitividad de la economía. En este sentido urge optimizar los procedimientos y bases de identificación de las actividades de las personas y empresas, implementar mecanismos de información, señalización y trazabilidad de las mercancías sujetas a impuestos y mejorar la vigilancia y control en las zonas primarias (puertos y aeropuertos), con el fin de enfrentar el contrabando y la evasión.
 
Cuando varios países ofrecen condiciones y oportunidades de inversión similares, el diferencial tarifario puede conllevar la pérdida de ésta frente a mercados donde el retorno privado sea mayor, en detrimento de las ganancias que en capital, conocimiento y desarrollo representan la inversión extranjera y doméstica en una economía. Colombia posee una tarifa del 33% del impuesto sobre la renta, supera a Chile con 17%, Brasil con 25% y México con 30%. Hay que bajarla sin temor al 27%.
 
Otro de los tributos que añade ineficiencia al sistema colombiano es el impuesto al patrimonio: desincentiva la inversión en la medida en que grava algo que ya ha sido previamente gravado (el patrimonio se construye con ingresos que ya han pagado impuesto a la renta). Así mismo las empresas deciden crecer hasta un punto para no llegar al umbral en el que, por ley, son sujetos de pago del impuesto. Por otro lado, actúa como un freno a la productividad al desestimular el uso del capital por parte de las empresas, quienes deben dejar de lado ciertas inversiones para pagar el impuesto.
 
FENALCO seguirá siendo foro de discusión de los grandes temas nacionales como el que inspiró esta nota editorial. Por ello, en nuestro Congreso Nacional que realizaremos entre el 5 y el 7 de septiembre en Armenia, volveremos a dialogar con el Ministro de Hacienda, con el Director de la DIAN y con el Señor Presidente Santos, sobre los alcances de las nuevas reglas de juego tributarias.

 
Guillermo Botero Nieto

La reforma tributaria no se ha presentado todavía y hasta la fecha los comentarios se basan en informaciones de los funcionarios encargados del tema. El Director de la DIAN, Juan Ricardo Ortega, en visita a FENALCO, hizo una presentación sobre los criterios generales de la reforma y que en el Gremio compartimos. En nuestro sentir, la mencionada iniciativa debe estar encaminada a impulsar la competitividad, haciendo más flexible y sencilla la administración tributaria, eliminando los costos de transacción, suprimiendo los costos y gastos no deducibles y otorgándole al contribuyente la razón, en sus reclamos cuando la tenga. Una encuesta internacional muy reciente, revela que la segunda preocupación de los empresarios colombianos es, precisamente, la complejidad en el pago de impuestos.
 
La verdad es que el régimen tributario de Colombia se caracteriza por su sesgo anti productivo, su complejidad y confusión. Existen altas tarifas nominales al capital y el trabajo, los bienes de capital son gravados con impuestos al consumo y la producción y una dispersión tarifaria del IVA que hacen bastante complejo este tributo. Colombia tiene un alto número de tarifas (ocho en total), cuestión que le imprime un alto grado de complejidad al sistema. Creemos que la reforma no debió presentarse el año pasado, ni en el primer semestre, pero si debe serlo en esta legislatura porque una reforma discutida en medio de la euforia de la bonanza puede llevar a repartir parte de la misma en reducciones de impuestos.
 
Esto nos lleva a tener que analizar las implicaciones de la crisis internacional y su impacto en Colombia. Tampoco podemos desdeñar que el actual gobierno se ha debilitado en las últimas semanas frente al poder legislativo y ello podría prestarse para que la reforma tributaria salga convertida de nuevo en una colcha de retazos. El doctor Ortega afirma que el gobierno no tiene prisa por presentar el  proyecto y que empleará el tiempo que sea necesario para desarrollar una labor pedagógica a lo largo y ancho del país, de tal manera que cuando la iniciativa se presente en el Congreso tenga aceptación y genere consenso en los Senadores y Representantes.
 
Toda reforma tributaria debe tener en la mira los estímulos a la inversión. Como algunos de estos fueron desmontados, es necesario buscar alternativas como el tratamiento del IVA y el manejo de la depreciación. El propósito es hacer rentable la inversión de largo plazo reconociendo que hay un período improductivo u otros muy acelerados.
 
Es frecuente escuchar quejas de distinto tipo de personas jurídicas sobre la ineficacia de la DIAN. Es deseable una mayor racionalización de los beneficios y costos del sistema tributario y de contribuciones para promover la formalización y la competitividad de la economía. En este sentido urge optimizar los procedimientos y bases de identificación de las actividades de las personas y empresas, implementar mecanismos de información, señalización y trazabilidad de las mercancías sujetas a impuestos y mejorar la vigilancia y control en las zonas primarias (puertos y aeropuertos), con el fin de enfrentar el contrabando y la evasión.
 
Cuando varios países ofrecen condiciones y oportunidades de inversión similares, el diferencial tarifario puede conllevar la pérdida de ésta frente a mercados donde el retorno privado sea mayor, en detrimento de las ganancias que en capital, conocimiento y desarrollo representan la inversión extranjera y doméstica en una economía. Colombia posee una tarifa del 33% del impuesto sobre la renta, supera a Chile con 17%, Brasil con 25% y México con 30%. Hay que bajarla sin temor al 27%.
 
Otro de los tributos que añade ineficiencia al sistema colombiano es el impuesto al patrimonio: desincentiva la inversión en la medida en que grava algo que ya ha sido previamente gravado (el patrimonio se construye con ingresos que ya han pagado impuesto a la renta). Así mismo las empresas deciden crecer hasta un punto para no llegar al umbral en el que, por ley, son sujetos de pago del impuesto. Por otro lado, actúa como un freno a la productividad al desestimular el uso del capital por parte de las empresas, quienes deben dejar de lado ciertas inversiones para pagar el impuesto.
 
FENALCO seguirá siendo foro de discusión de los grandes temas nacionales como el que inspiró esta nota editorial. Por ello, en nuestro Congreso Nacional que realizaremos entre el 5 y el 7 de septiembre en Armenia, volveremos a dialogar con el Ministro de Hacienda, con el Director de la DIAN y con el Señor Presidente Santos, sobre los alcances de las nuevas reglas de juego tributarias.

 
Guillermo Botero Nieto

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